Transhumanismo: el desafío de la humanidad a Dios

Estamos ante un tema que puede parecernos muy lejano y recordarnos a películas de ciencia ficción como Ghost in the Shell. Sin embargo, esta “ciencia ficción” se vuelve cada vez más real.

El transhumanismo es la unidad que consigue revolucionar lo que significa ser humano utilizando los avances tecnológicos para la mejora de nuestros cuerpos e incluso de nuestros sentimientos. Es evidente que esta es una idea con la que hay que tener cuidado; bien puede ser la más peligrosa para la raza humana o bien la más beneficiosa y la que nos salve de la perdición a la que parece que estamos condenados desde nuestro nacimiento.

Se diferencian tres claves dentro del gran proyecto post-humano, denominadas “los tres super” dada su gran capacidad para transformar. Son los siguientes: super-longevidad, super-inteligencia y super-bienestar.

En el asunto de la longevidad, los defensores del transhumanismo nos invitan a imaginar una situación en la que una organización desarrollase un virus maligno que afectase a un gran número de la población mundial. Una vez hemos visualizado en nuestras mentes esta situación de alerta por las manifestaciones y protestas que tendrían lugar, nos dicen que nadie sale a la calle a protestar por las enfermedades que causa la vejez y que se llevan la vida de 100.000 personas cada día. De este modo, igualan las dos situaciones y nos las presentan como iguales, olvidándose de que el envejecimiento y la degradación física son procesos naturales de la vida. Consideran que, si la medicina tiene como objetivo curar las enfermedades y el dolor de las personas, su meta final y más noble no puede ser otra que la de lograr la eternidad. Tal vez tengan razón, pero por el momento no han dado una respuesta clara que solucione el problema de la sobrepoblación.

La sobrepoblación es algo que derivaría inevitablemente de la eternidad de los seres humanos, es el problema de erradicar la muerte. Aunque claro, lo más seguro es que no se trate de un plan pensado para el total de la población humana, sino tan sólo para los más ricos (como sucede en la película dirigida por Neill Blomkamp, Elysium).

En cuanto a la super-inteligencia, el transhumanismo busca una conexión en vena, integrar nuestros cerebros en las nuevas tecnologías. Es la creación de la I.A. (Inteligencia Artificial) para implantarla en nuestras mentes mediante diminutos dispositivos de ingente conocimiento. Esto lo cambiaría todo: nuestra manera de pensar, de conocer, de amar… Nos convertiríamos en computadoras capaces de procesar miles de millones de datos. Nuestra racionalidad aumentaría considerablemente, con el riesgo de perder nuestra parte más humana y convertirnos en máquinas incapaces de sentir.

El super-bienestar parece el punto más apetecible, puesto que eliminar el sufrimiento resulta muy atractivo. Los transhumanistas dicen: si tuvieses la elección de elegir algunas características de la biología de tu futuro hijo para reducir su sufrimiento en la vida, ¿por qué no ibas a hacerlo?

Desear que acabe el propio sufrimiento puede ser uno de los deseos más humanos, aunque debemos plantearnos si no es el sufrimiento en ocasiones algo bueno. Si todos fuéramos dichosos, perderíamos la esperanza, el sentido y la emoción de soñar con algo mejor, que es uno de los mayores entretenimientos que tenemos en la Tierra.

Quizás sea este el mayor inconveniente del transhumanismo; y es que al erradicar la ignorancia, el malestar, la desesperación, la muerte… acabamos con lo aquello a lo que llevamos siglos llamando vida. Si llegamos a ser perfectos, la vida puede desaparecer, porque desaparecería el placer, el esfuerzo y la fe puesta en buscar una perfección desde nuestra imperfecta condición. Si llegamos a la absoluta perfección, ya no habrá nada más que hacer, nada que esperar en el “más allá”; y caeremos sin remedio en el aburrimiento más longevo.

SERGIO CARRO RODRÍGUEZ

 

FUENTE

LOS PAPELES DE PANAMÁ

A tenor del artículo publicado previamente en el blog, conviene analizar la mayor de las filtraciones periodísticas que se conoce hasta hoy. Esta salió a la luz gracias a la labor de múltiples periodistas de todo el mundo especializados en lo que se conoce como periodismo de datos, fundamentado en el análisis de esa ingente cantidad de datos con la que contamos actualmente.

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