Cyborgs deportistas: llegan “más rápido, más alto, más fuerte”

Citius, altius, fortius fue el lema de los Juegos Olímpicos de Múnich. Simboliza el espíritu de los deportistas olímpicos, junto con los cinco anillos y la antorcha. Este lema lo vimos por primera vez grabado en el frontispicio del colegio de San Alberto Magno de Arcueil y fue pronunciado en los Juegos Olímpicos de 1896 en Atenas por Pierre de Coubertin (2º presidente del Comité Olímpico Internacional).

Mejorar las capacidades físicas de los seres humanos para incrementar su rendimiento en el deporte es algo con lo que ya han soñado demasiados. Antes tan sólo estaba el cuerpo; y únicamente de tu esfuerzo y entrenamiento diario dependía aumentar tu potencia, velocidad, agilidad, coordinación, fuerza, habilidad…

Estabas tú, tu cuerpo y una marca que mejorar, un récord que batir. Hoy, a estos tres elementos se les ha unido un cuarto: la tecnología. La tecnología está cada vez más unida a los seres humanos y en el deporte no íbamos a separarnos de ella. Cada vez son más los dispositivos y los trajes ultramodernos que se utilizan para hacer deporte. Para algunos salir a correr ya no es un deporte tan barato, dado que no sólo necesitan una un par de zapatillas, sino que se suben a aparatos que calibran sus pisadas para elegir las zapatillas más adecuadas y parece que no pueden salir a correr por el parque sin llevar encima un millar de dispositivos que midan sus pulsaciones, sus calorías, su ritmo…

Todo esto en el mundo de los corredores amateurs. Si nos vamos a los centros de alto rendimiento encontraremos los últimos modelos y avances tecnológicos capaces de ayudar a los atletas a lograr sus soñadas metas.

Pero parece que todos estos aparatos no llegan a generar una mejora radical en las marcas de los deportistas de élite. Se exige un cambio más brusco y aquí entra en juego el transhumanismo, que viene a ser el impulso que lleve a traspasar los límites de las capacidades humanas como, por ejemplo, bajar de dos horas en la prueba de la Maratón. Estaríamos ante el rediseño de la biología humana mediante su fusión con la tecnología (incorporación al cuerpo de partes robóticas), ante la unión de lo cibernético y lo orgánico, con un objetivo común.

El problema es que ya no estaríamos entrenando a humanos como tal, sino a ciborgs. ¿Dónde quedará entonces el placer, la emoción y la maravilla de ver a un ser humano sufriendo en la carrera, luchando contra sí mismo e intentando superarse llevando su cuerpo al límite con la única ayuda de su mente humana? ¿Acaso no es este el verdadero sentido de, por ejemplo, el atletismo y el ciclismo, que son los deportes más duros?

Si no controlamos las modificaciones de los cuerpos humanos, al final terminaremos por no saber si es una persona o una máquina la que compite en la pista.

SERGIO CARRO RODRÍGUEZ

Bibliografía

MAESTRÍA EN FILOSOFÍA. ESCUELA DE CIENCIAS HUMANAS. UNIVERSIDAD DEL ROSARIO

DIRECTOR: ADOLFO CHAPARRO

PRESENTADO POR: JOSÉ ALFONSO MARTÍN REYES

 

VIDEOARBITRAJE: POR UNOS RESULTADOS SIEMPRE JUSTOS

El debate sobre si las nuevas  tecnologías han de ser aplicadas o no en el deporte está de moda. Ya son varios los entrenadores que piden videoarbitraje tras sentir que han sido perjudicados en no pocas ocasiones por las decisiones arbitrales. Estas fueron las palabras del entrenador del Manchester United, José Mourinho, tras empatar ante el Everton: “Hemos marcado dos goles hoy, pero les digo con una sonrisa que no estoy molesto con los jueces. Era una decisión muy difícil. Sólo un asistente de vídeo podía ayudar.” El técnico reclama VAR (videoarbitraje) para facilitar la tarea de los árbitros.

El reglamento del VAR dice que sólo se pueden revisar en vídeo cuatro tipos de jugadas o acciones, no todas, debido a las múltiples interrupciones y parones que produciría estar repasando cada situación. Por el momento la asistencia por vídeo se puede utilizar para ver si se ha producido un penalti o no, para expulsar a un jugador por algún mal gesto o agresión, para comprobar si ha tenido lugar algo antirreglamentario tras un gol y para que no se cree ningún tipo de confusión cuando toca amonestar a un jugador. También tenemos el conocido “Ojo de Halcón”, que ya se aplicaba en tenis y se empezó a incorporar al fútbol (no en todas las competiciones) para ver si el balón ha traspasado por completo o no la línea de gol.

El funcionamiento de este sistema es más sencillo de lo que pueda parecer: El aviso para para un momento el partido y revisar la jugada lo da el árbitro o sus asistentes, que siguen el partido desde una sale con televisores. En estos instantes, los asistentes ponen la jugada varias veces para informar al árbitro, a través de sus auriculares, de lo que aparece en la televisión. El colegiado debe entonces llegar a una decisión o ir a revisar él mismo la jugada en los monitores de televisión.

Parece que en la FIFA están contentos con el sistema, pero no olvidemos que el VAR ya ha provocado una importante polémica en el Mundial de Clubes, que seguramente no sea la última. El debate está abierto.

¿El videoarbitraje puede llegar a ser un sistema infalible o siempre tendrá sus carencias? ¿Es posible que complique todavía más el arbitraje? ¿Puede provocar más estudios de cada jugada y, al tiempo, más discusiones al no quedar éstas del todo claras?

Lo que es evidente es que estamos a años luz de acabar con las disputas en el fútbol. Estamos muy lejos de erradicar los enfrentamientos a causa de decisiones arbitrales y los insultos a los árbitros, que al fin y al cabo son profesionales realmente capaces y muy preparados que hacen su trabajo lo mejor posible; y que tienen una categoría muy superior a la de aquellos que se pasan el partido insultándoles y protestando sus decisiones.

El VAR es algo novedoso, una revolución para el fútbol y es posible que en esto radique su principal atractivo y no en su eficacia y utilidad. Quizás sea mejor dejar que los errores arbitrales sigan siendo una parte del juego como siempre han sido, aunque sea una parte injusta. O quizás, y según la opinión del entrenador del FC  Barcelona Luis Enrique, lo bueno sea usar el videoarbitraje tan sólo en unas pocas jugadas sin caer nunca en su abuso, es decir, emplear el videoarbitraje siempre  acorde al término medio.

SERGIO CARRO RODRÍGUEZ

 

Bibliografía