Audiencias obsoletas

Las audiencias, ese gran Dios capaz de generar dolores de cabeza a los principales dueños de los canales de televisión y a los protagonistas de nuestros programas y series favoritos, se rigen bajo un sistema obsoleto, propio de la televisión del siglo pasado.

Las audiencias son las encargadas de determinar si un programa funciona o no, si es exitoso y gusta a la gente. Sin embargo, esas audiencias que podríamos pensar que representamos todos, la representan, en realidad, unos 4.625 hogares distribuidos por todo nuestro territorio, formados por personas de todas edades y clases sociales. A través de un dispositivo, seleccionan el sexo y edad de quien está viendo la televisión, lo cual registra los programas durante ese momento está viendo la persona en cuestión.

Estas 4.625 hogares encargados de decidir que funciona y que no en la televisión son elegidas por la empresa Sofres. Si bien este sistema funcionó durante muchos años, ha quedado prácticamente obsoleto como consecuencia, principalmente, de las redes sociales y las nuevas formas de ver la televisión.

Programas que a lo mejor no tienen tanto éxito para los datos de audiencia son Trending Topic en Twitter. Esto ha generado que muchas empresas den publicidad a programas que hace unos años no lo harían.

Si bien es cierto que se hace complicado medir los datos de audiencia de un modo objetivo y no especulativo, la televisión online y las redes sociales está ayudando tanto a los canales como a las empresas encargadas de dar publicidad a conocer cuanta gente ve los programas televisivos de un modo más objetivo.

Bibliografía:

-Redacción (2016), Televisión, audímetros, y audiencias televisivas: un sistema obsoleto con miedo al cambio y a la era digital. Puro Marketing.

http://www.puromarketing.com/45/26151/television-audimetros-audiencias-televisivas-sistema-obsoleto-miedo-cambio-era-digital.html

-Piña, R (Junio 2011), Los elegidos que controlan la televisión. El Mundo.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/06/12/television/1307893647.html

Por: Sergio del Ama